Cualquier petición paterna será mejor recibida cuanto menos se parezca a una orden y más argumentada sea. Hay que respetar su individualidad y mantener un interés cordial y constante. Si imponemos por sistema nuestra autoridad o recurrimos al chantaje emocional, de la noche a la mañana se convertirán en un búnquer: blindado e inaccesible. El diálogo es siempre importante, pero ahora más que nunca.
A la crisis adolescente hay que enfrentarse con paciencia (ración triple de paciencia). Es preciso hablar mucho con ellos y, sobre todo, saber escuchar, porque nuestros hijos tienen un montón de cosas que enseñamos. En el fondo, es la etapa más interesante, satisfactoria y fructífera que viviremos con ellos. A partir de ese momento padres e hijos comienzan a tener intereses comunes, pueden compartir otros niveles de entendimiento.Si somos justos con ellos y mantenemos una actitud coherente con los valores que les hemos inculcado desde chicos, ellos podrán cuestionarlos, pero nos respetarán por la honestidad que demostramos con nosotros mismos y con los demás. Y nos mirarán con orgullo: “¡Estos son mis papas!”. Ese momento siempre llega, pero hay que saber esperar.