Según algunos especialistas en este tipo de parto, dar a luz en el agua, en una bañera-piscina con 5.000 litros a una temperatura de unos 38 grados, es tan seguro como hacerlo en tierra firme. Pero, además, reduce su duración, hace que la madre tenga más libertad de movimientos y menos dolores, y favorece la transición del bebé del líquido amniótico al mundo exterior.
El hecho de que la madre pueda adoptar la posición más cómoda para ella, y cambiarla a su voluntad, hace que se sienta la protagonista del trabajo de parto. Un detalle que se ha ido perdiendo es la intimidad del parto. La medicina moderna lo ha convertido en un espectáculo tecnológico, donde la mujer no se puede refugiar en su intimidad.
El agua facilita su aislamiento; pero no vale de nada si la siguen molestando la partera, su marido, el médico… Ese retiro deja a la madre vivir un poco a voluntad el momento del parto; libera su cerebro para el trabajo que le espera…Para los médicos expertos en esta modalidad, la importancia del agua estriba en que ayuda a la madre a relajarse durante el período de dilatación. A medida que el parto avanza, se suceden cambios en los niveles de conciencia de la mujer. Las fluctuaciones de las secreciones hormonales son, probablemente, las responsables de estos cambios al estar relacionadas con el nivel de abstracción.
Existe un nivel óptimo de conciencia con el que se logra una secreción de endorfinas, encefalinas y oxitocinas; así, todo el sistema endomorfínico y endocrinológico de la mujer se ve modificado en esas condiciones.
