A partir de los cinco meses, algunos juegos como el Aquí está (la madre se tapa la cara con las manos y las aparta después) o cualquier otra variedad de la escondida (con personas o con objetos) le enseñan que, aunque mamá se vaya, siempre regresa a su lado.
Hacia los seis, son útiles las cajas sorpresa porque contienen un muñeco que surge de repente y luego desaparece.
Entre los siete y los doce, podemos mostrarle trenes que atraviesan un túnel (él no los ve, pero sabe que siguen ahí) y jugar a comunicarnos con un teléfono infantil desde una habitación contigua.
