Cuando se habla de “mastitis” (infección e inflamación de la mama), se piensa por lo general en el puerperio y la lactancia. Es que, casi por regla, esta patología mamaria es una secuela de las grietas del pezón. En ocasiones el bebé, al succionar, lastima el pezón. Si la higiene no es buena, los gérmenes que habitualmente viven en nuestra piel y en las fauces del pequeño infectan de inmediato esas microscópicas lastimaduras.
Lo demás es sólo cuestión de tiempo: la infección se propaga hacia el interior de la glándula. En ella es frecuente la existencia de “infartos lácteos”, colecciones de leche que no han podido ser drenadas por el pezón. Seguir leyendo
